Todo empezó porque estaba
viendo un programa de bebés, y reparé en algo que he leído en un libro sobre
maternidad. Los padres, madres, y el entorno de los bebés los etiquetan nada
más nacer: “este es un luchador”, “es una muñequita”, “es más débil que su
hermano” y miles de ejemplos más que reflejan, por delante de cualquier otra
cosa, los miedos, expectativas, deseos e inquietudes de los que los exponen.
Me hice la promesa a mi
misma de evitar estos comportamientos. Pero claro, no es lo mismo prometérselo
desde la cómoda camita con mis bebés en mi vientre que cuando ya hayan nacido,
lloren cada dos horas, yo lleve noches y noches sin dormir más de tres horas
seguidas, y lo que menos me importe en el mundo sean las etiquetas que un día
me prometí no utilizar.
Todo esto para contar que
entonces pensé que lo mejor sería escribir antes de que nazcan todo lo que me
gustaría hacer con ellos (o ellas), el tipo de madre que me gustaría ser, y las
cosas que querría transmitirles, para que, al menos, quede constancia en algún
sitio.
Y, en esencia, quiero
decirles que están aquí para ser felices. Deben buscar qué es lo que les da la
felicidad, las cosas pequeñas y las grandes, las metas fáciles y las difíciles,
pero aquello que les de la felicidad. Y dedicarse a ello. Porque para eso está
la vida.
A mi me da felicidad el
amor. El amor, sea cual sea su procedencia, me da la felicidad más completa.
Desde el gran amor de mi vida a un gesto amoroso de un conocido, el amor me
hace feliz.
Sin embargo, aún ando en la
búsqueda de saber qué otras cosas me hacen feliz. Porque he decidido predicar
con el ejemplo, y no quedarme sentada mientras les digo que lo mejor que pueden
hacer en la vida, es no quedarse sentados. Así que allá voy.
- No os quedéis en vuestro
espacio de seguridad. Sed aventureros, salid, relacionaos con el mundo, con otras
personas, con gente distinta y diferente, escuchad, aprended que hay millones
de realidades y no sólo una, tantas como personas. Así que ya estoy saliendo de
mi espacio de seguridad en mi casita y poniéndome manos a la obra y dejando de
poner excusas. Es cierto que ahora vivo en otro país, que no controlo el idioma
ni las costumbres, y que ando mucho más perdida que en mi querido Madrid, pero
todo eso me brinda la oportunidad de aprender, de crecer, de madurar, de salir
de los moldes establecidos, de ponerme a prueba y de conocerme más.
- Cuando sabes lo que
quieres, no tengas miedo de luchar por ello. Deja las excusas a un lado, y ve a
por lo que quieres. No lo digo en plan luchador guerrero que se enfrenta a las
adversidades más terribles, a veces, basta con dejar de ser el mayor enemigo de
uno mismo. Solamente dejar de ponerse pegas y límites a uno mismo ya es un gran
avance, y es el principal para seguir adelante.
- Sé feliz. Ama, vive, sonríe,
baila, haz el ridículo, llora, investiga, duerme, sueña, haz tonterías, camina,
báñate en el mar, aprende de todo y de todos. La vida es un regalo que hay que
aprovechar a cada momento. No esperes para hacer lo que te apetezca hacer.
- Sé siempre tú mismo (o
misma…). No hay pérdida de tiempo más grande que hacer que uno es quien no es,
porque acabará rodeado de personas que no corresponden a su verdadera esencia.
Solo cuando uno decide ser uno mismo, empiezan a pasar las mejores cosas.
Como no me imagino dando
estas lecciones en plan zen con dos mellizos o mellizas tranquilos y escuchando
en posición de loto, lo mejor es dejar constancia, en algún lugar, de que esto
es lo que pretendí! Y si luego consigo transmitirlo aunque sea un poquito,
mejor que mejor.
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