miércoles, 2 de octubre de 2013

¿Qué les contaré a mis hijos?

Ayer por la noche pensaba en qué le diré a mis hijos a lo largo de su vida. Qué es lo que les voy a enseñar, en esencia. Qué lección aprendida por mí es la que quiero transmitirles.
Todo empezó porque estaba viendo un programa de bebés, y reparé en algo que he leído en un libro sobre maternidad. Los padres, madres, y el entorno de los bebés los etiquetan nada más nacer: “este es un luchador”, “es una muñequita”, “es más débil que su hermano” y miles de ejemplos más que reflejan, por delante de cualquier otra cosa, los miedos, expectativas, deseos e inquietudes de los que los exponen.
Me hice la promesa a mi misma de evitar estos comportamientos. Pero claro, no es lo mismo prometérselo desde la cómoda camita con mis bebés en mi vientre que cuando ya hayan nacido, lloren cada dos horas, yo lleve noches y noches sin dormir más de tres horas seguidas, y lo que menos me importe en el mundo sean las etiquetas que un día me prometí no utilizar.
Todo esto para contar que entonces pensé que lo mejor sería escribir antes de que nazcan todo lo que me gustaría hacer con ellos (o ellas), el tipo de madre que me gustaría ser, y las cosas que querría transmitirles, para que, al menos, quede constancia en algún sitio.
Y, en esencia, quiero decirles que están aquí para ser felices. Deben buscar qué es lo que les da la felicidad, las cosas pequeñas y las grandes, las metas fáciles y las difíciles, pero aquello que les de la felicidad. Y dedicarse a ello. Porque para eso está la vida.
A mi me da felicidad el amor. El amor, sea cual sea su procedencia, me da la felicidad más completa. Desde el gran amor de mi vida a un gesto amoroso de un conocido, el amor me hace feliz.
Sin embargo, aún ando en la búsqueda de saber qué otras cosas me hacen feliz. Porque he decidido predicar con el ejemplo, y no quedarme sentada mientras les digo que lo mejor que pueden hacer en la vida, es no quedarse sentados. Así que allá voy.
- No os quedéis en vuestro espacio de seguridad. Sed aventureros, salid, relacionaos con el mundo, con otras personas, con gente distinta y diferente, escuchad, aprended que hay millones de realidades y no sólo una, tantas como personas. Así que ya estoy saliendo de mi espacio de seguridad en mi casita y poniéndome manos a la obra y dejando de poner excusas. Es cierto que ahora vivo en otro país, que no controlo el idioma ni las costumbres, y que ando mucho más perdida que en mi querido Madrid, pero todo eso me brinda la oportunidad de aprender, de crecer, de madurar, de salir de los moldes establecidos, de ponerme a prueba y de conocerme más.
- Cuando sabes lo que quieres, no tengas miedo de luchar por ello. Deja las excusas a un lado, y ve a por lo que quieres. No lo digo en plan luchador guerrero que se enfrenta a las adversidades más terribles, a veces, basta con dejar de ser el mayor enemigo de uno mismo. Solamente dejar de ponerse pegas y límites a uno mismo ya es un gran avance, y es el principal para seguir adelante.
- Sé feliz. Ama, vive, sonríe, baila, haz el ridículo, llora, investiga, duerme, sueña, haz tonterías, camina, báñate en el mar, aprende de todo y de todos. La vida es un regalo que hay que aprovechar a cada momento. No esperes para hacer lo que te apetezca hacer.
- Sé siempre tú mismo (o misma…). No hay pérdida de tiempo más grande que hacer que uno es quien no es, porque acabará rodeado de personas que no corresponden a su verdadera esencia. Solo cuando uno decide ser uno mismo, empiezan a pasar las mejores cosas.

Como no me imagino dando estas lecciones en plan zen con dos mellizos o mellizas tranquilos y escuchando en posición de loto, lo mejor es dejar constancia, en algún lugar, de que esto es lo que pretendí! Y si luego consigo transmitirlo aunque sea un poquito, mejor que mejor.